En su día el centro económico de África, Johannesburgo, como muchos otros lugares de Sudáfrica, ahora alberga barrios marginales, edificios en ruinas, carreteras llenas de baches y basura. No hubo guerra ni cambio violento de régimen en Sudáfrica, simplemente tres décadas de un gobierno corrupto y socialista dedicado a prácticas radicales de EI. La población blanca, que ha disminuido del 21% en 1960 al 7% actual, sigue pagando la mayor parte de los impuestos del país. En Sudáfrica, la discriminación contra los blancos es legal, y cualquiera que se queje es etiquetado de "racista". Si algo de esto suena familiar, es porque algo similar está ocurriendo ahora en Occidente. Sudáfrica es el futuro de Europa y América si algo no cambia.