Elon Musk acaba de decir lo que ningún economista dirá: todo el sistema está a punto de colapsar y nada puede detenerlo. La IA y la robótica no están generando crecimiento. Están destruyendo el marco de escasez del que depende la economía. Musk: “Nos golpeará como un tsunami supersónico.” La producción se compone exponencialmente. La oferta monetaria crece linealmente. La productividad sostiene una expansión permanente de dos dígitos. Números que suenan imposibles se convierten en la línea base. No es evolución. Es reemplazo. Musk: “Los precios colapsan drásticamente.” No es una disminución. Es una implosión. La IA elimina los costos laborales, elimina errores de producción, quita cada ineficiencia que mantiene caros los bienes. Fabricar cualquier cosa se acerca a un costo marginal cero mientras la calidad se acelera. Los gobiernos reaccionarán por instinto. Imprimirán dinero. Inyectarán estímulos. Un manual diseñado para economías de escasez colisiona con la abundancia que no tienen un marco para entender. Musk: “Las métricas del PIB ya son irrelevantes.” Cada modelo económico asume mano de obra restringida, producción limitada, mejora gradual. La IA no trabaja dentro de esos límites. Los elimina como variables. La producción explota. Los bancos centrales inundan de liquidez. Los precios colapsan independientemente porque la abundancia física escala más rápido que cualquier intervención monetaria pueda igualar. La ola de producción supera la respuesta política. Siempre. La deflación señala crisis en cada modelo histórico. Pero esto no es un colapso de la demanda. Es la oferta volviéndose infinita. La economía no está fallando. Se está transformando más allá de las herramientas construidas para medir la escasez. El poder pertenece a quien controla los sistemas que generan producción ilimitada. El dinero se vuelve secundario cuando los costos de producción desaparecen. Los responsables de políticas están navegando con instrumentos calibrados para límites que dejaron de existir. ...